sábado, 23 de abril de 2011

¿Sabes, Kate?

Aquel día nos encontramos donde siempre. Tú y yo. ¿Recuerdas, Kate? Sé que lo recuerdas.

Llovía. Llovía mucho. También caían truenos. Recuerdo como te asustabas cada vez que uno resonaba. Recuerdo que te escondías bajo el edredón blanco. Recuerdo que te abrazabas las piernas, temblorosa. Le tenías miedo a los truenos. ¿Te acuerdas de eso, Kate? No hace falta que respondas. Sé que sí que lo recuerdas.

¿Pero qué pasó después?

Papá y mamá llegaron a casa, ¿recuerdas? Estaban enfadados contigo. Estaban rabiosos. Rabiosos como siempre. Habían ido a hablar con la tutora. La Señorita Warwick, ¿recuerdas? ¿La recuerdas? Supongo que sí.

Al llegar montaron en cólera. Te gritaron. Te gritaron mucho. ¿No, Kate? Te dijeron cosas horribles. Te confesaron de lo mucho que se habían arrepentido de que hubieses existido. De que hubieses nacido, vaya.

Delincuente. Así te llamaron. Una, dos y hasta tres veces. Pero tú no eras una delincuente, ¿verdad, Kate? No. Tú sólo estabas asustada por culpa de los truenos. ¿Por qué no podían verlo ellos? Nunca podían ver nada. Ni los cortes de las muñecas ni las cicatrices de las piernas. Tampoco podían ver las marcas de los brazos, esas desiguales líneas que terminaban en el antebrazo.

No. Eso no podían verlo. ¿Por qué no podían verlo? te preguntaste.

Y otro grito. Y luego un golpe en la puerta. Te llevaste las manos a los oídos y cerraste los ojos. Apretaste la mandíbula al escuchar los siguientes improperios. Y arañaste las sábanas al escuchar cómo relataban tu delito. El delito de la pequeña y dulce Kate.

Recordaste el incendio que habías provocado el día anterior. Pero no fue tu culpa, ¿a qué no, Kate? La culpa fue de ellos. Les dijiste que no se acercaran. Les dijiste que te dejasen en paz, que ya estabas harta.

¿Y qué hicieron ellos? Ellos hicieron lo mismo que siempre. Te agarraron del pelo. Te golpearon una y otra vez. ¿Y qué hiciste tú? Tú te defendiste, como siempre. Pero, ¡oh!, la pequeña Kate no tenía la fuerza suficiente. Nunca tenías la fuerza suficiente. Con la cara magullada, los miraste con odio.

¿Y qué hiciste después?

No fuiste a clase las horas siguientes. Saliste del instituto y fuiste a una vieja tienda que había cerca. Ignoraste las miradas de la gente que pasaba a tu lado. También ignoraste los comentarios del dueño de la tienda.

Volviste antes de que el resto de los alumnos volviesen. Recuerdo cómo te miraste las manos, y cómo tu mirada cambió. Recuerdo cómo me dejaste salir cuando los viste. La pequeña Kate no tenía la fuerza suficiente, pero yo sí que la tenía.

Recuerdo perfectamente sus rostros nada más verme. Su sonrisa burlona. Su mirada jocosa. En el fondo me daban pena. Tal vez la culpa no fuese suya.

Sonreí de lado. La sonrisa pintarrajeada en mi rostro tal vez los descolocó. No lo recuerdo. Igual fue la frialdad de mis ojos. O la locura que en ellos se veía reflejada. Realmente no lo sé. Tampoco me importó demasiado.

Y otro golpe. Y la voz de papá se filtró por la madera. También los llantos de mamá. ¿Cómo pudiste hacer algo así?, dijeron. Qué ilusos eran, ¿no, Kate? ¿Cómo no pudieron ver que tú no habías sido? La dulce y pequeña Kate nunca haría algo así, ¿a qué no? No. Claro que no.

¿Por qué nadie pudo verme? ¿No crees que es irónico, Kate? Yo siempre estuve ahí y, sin embargo, todos dijeron que habías sido tú. Todos dijeron que habías sido tú quien había iniciado el fuego. Ellos lo dijeron en el hospital. La loca de Kate, dijeron. ¿Loca tú? No. Kate nunca haría algo así.

¿Sabes una cosa, Kate? A mí eso me molestó mucho. Tú te llevaste todo el merito. No sabes lo frustrante que fue. Los gritos de todos se dirigían a ti. Todos decían que tú habías creado aquel maravilloso fuego, Kate. Y tú no habías sido. No. Había sido yo. Única y exclusivamente yo.

Por eso firmé aquel día de tormenta. Recuerdo que me dejaste salir cuando dijeron que vendría la policía. Que iban a detenerte, por delincuente. Por monstruo. Tú no eras un monstruo, Kate. Tú sólo eras una pobre niña asustada por los truenos. ¿Por qué nadie podía verlo?

Y entonces me dejaste salir. Porque la pequeña Kate no era un monstruo, pero yo sí que lo era. Recuerdo que recogí los mecheros que utilicé el otro día y que, con la sonrisa pintarrajeada en el rostro, salí de debajo del edredón. Porque a mí no me asustaban los truenos. A mí no me asustaba nada, Kate. Nada.

Abrí la puerta antes de que papá diese otro golpe. Contemplé su rostro. Estaba enfadado. La ira se le reflejaba en la cara. Mamá sólo lloraba, ¿sabes, Kate? Lloraba en silencio y con la cara tapada por las manos. Supongo que era porque no quería mostrarse débil.

Ensanché la sonrisa cuando clavé mi vista en papá. Él frunció más el ceño y me volvió a gritar. ¿Acaso estás contenta?, preguntó. Yo negué. No estoy contenta, le dije. Pero él no se lo creyó y volvió a alzar el tono. Yo le dije que no hablase tan alto, que despertaría a los vecinos. Que ya era muy tarde. Pero a él le dio igual. Siguió gritando y yo negué con la cabeza. Cuánto ruido. Me molesta mucho el ruido, ¿sabes, Kate? Me enervan los gritos, los llantos, las risas. Todo eso es muy molesto.

Supongo que por eso no pude contenerme.

Yo no quería hacerlo así, la verdad. Realmente no quería empezar quemando a papá. Yo lo que quería era quemarlo todo cuando ya estuviese fuera. Pero los gritos, los malditos gritos no me dejaron pensar. Y esos malditos gritos aumentaron cuando mamá contempló la escena. Debió ser horrible para ella, ¿sabes, Kate? Así que decidí quemarla a ella también. Con rapidez, para que dejase de mirar aquello. Porque mamá no tenía la culpa. Ella nunca tuvo la culpa de nada.

El fuego no tardó en propagarse por toda el piso. Desde la salida, les deseé dulces sueños y firmé en la pared, para que la gente no se confundiese, Kate.

Porque aquel día, Kate, tú y yo nos habíamos encontrado de nuevo. Porque aquel día yo había vuelto a ver la luz, Kate.



Relato resultante de un WordSong (relatos basados en una canción) que hice con mi amigo Doctor (podeis leer su entrada aquí). La canción con la que me tocó escribir fue Sweet Dreams de Marilyn Manson (no creo haber estado a la altura de la canción lolU), la cual podeis escuchar aquí
Críticas y demás son bienvenidas ^^

8 plics:

  1. Tramposilla! DX excediéndose 1h! en el tiempo del relato! XDDD

    Me guuuusta XD Me cae muy bien Kate *w* juas juas con Sweet Dreams muerte y destrucción..qué sino? XD

    Esto se convierte en vicio

    ResponderSuprimir
  2. Pues a mí me ha gustado. Las pausas de cada punto eran como saltos al leer; no sé si es suspenso o una dolorosa confesión. Escribes de lujo, espero leerte pronto :)

    Ufff que pedazo de texto ahora que me devuelvo :O

    ResponderSuprimir
  3. Claramente uno de tus mejores escritos (junto a Ciudad de Cartón), quiero darte mi enhorabuena con méritos ù.u

    Me gusta la progresiva locura que vas propinando al texto.

    No es una conclusión clara, pero lo que la historia me ha dicho es que la joven Kate sufre de trastorno bipolar, estoy casi seguro al 100%.

    Enhorabuena otra vez, y te animo a que sigas escribiendo.

    ResponderSuprimir
  4. Estoy que me cago en mi emoción (?). Me ha encantado esta entrada, te luciste, se lució, la Keta esta... ¿y como se llamaba la otra? Me gustaría saber su nombre, debe ser algo grande.

    ResponderSuprimir
  5. -se golpea la frente con la palma- era Kate, no se que me pasa, hoy los dedos se me tuercen de lo lindo y escriben lo que se les viene en gana.

    ResponderSuprimir
  6. Me gustó mucho esta entrada, creo que los ejercicios basados en ponerle un texto a canciones, dan resultados magníficos, eres fiel reflejo de ello.
    Te dejo un abrazo.
    Humberto.

    ResponderSuprimir
  7. yo ya estaba comentando la nueva entrada (la de los miedos y los silencios...) y que me la quitas >w< hahaha

    ResponderSuprimir
  8. menkataa ta geniaall no lo entndo mu bn pero mola muxo la forma en l k skribes
    menkata en seriooo!
    sige asii

    ResponderSuprimir