martes, 21 de mayo de 2013

why are you my remedy ♫

Dena observa las cicatrices de Lloyd mientras se hunde en sus brazos. Hay dos bajo las clavículas, finas y pequeñas, el recuerdo de un simple corte, y otra más profunda y antigua en el brazo derecho, y Dena se pregunta cómo se las habrá hecho, pero no pregunta. Las luces de la ciudad entran por una de las ventanas, tiñiéndoles la piel de rojos y naranjas, y el olor a café del piso de abajo se cuela por la madera. Es invierno, pero ni él ni ella sienten el frío a pesar de la desnudez.

La piel de Lloyd es áspera y está agrietada, pero también es cálida a su manera, como una pequeña y solitaria hoguera en medio del bosque. Dena tiene la piel suave y ardiente, pero no como una hoguera, sino como cientos de ellas. O como el propio sol. A veces Lloyd piensa que la chica es igual que el sol, poderoso y cálido, reparador y distante. Y es entonces cuando él se siente como Plutón, insignificante y lejano, incapaz de acercarse y de alejarse, siempre orbitando a su alrededor.

Dena le rodea el cuello con los brazos; hunde sus dedos, pequeños y huesudos, en su nuca, y lo acerca a ella. Lloyd apoya entonces la frente en su hombro izquierdo y la estrecha con fuerza entre sus brazos. Sonríe levemente, apenas curvando los labios, y piensa que, tal vez, no le moleste ser Plutón.

Fuera la lluvia ha empezado a caer y las luces se han tornado oscuras, pero no les importa.

(estaba escuchando clarity (if our love is tragedy, why are you my remedy?) y decidí ver si era capaz de escribir algo cortito. Y esto salió).